momentos cotidianos

Este espacio ha sido creado para reflejar momentos que pueden ser míos, tuyos o de cualquier persona que los quiera hacer suyos.
Son realidad y son ficción. Son imágenes sugerentes y contextos ocultos para que tú también fantasees y juegues a inventar si te apetece.
Yo quiero compartirlo contigo y será un placer si tú también lo quieres crear conmigo.

19.10.08

el viaje


Cuando se compró ese billete de avión para irse a otro continente había recordado lo grande que es el mundo. Viajar le aportaba tantas sensaciones, experiencias, momentos… Esa sensación de extrañeza que experimentaba cuando estaba en un lugar por primera vez, en un lugar tan distinto, el impacto de la novedad. Viajar le hacía conectar con la vida, llenarse de encuentros, enriquecerse conociendo otras realidades y le hacía reflexionar. Todo eso le fascinaba.

Hoy pensaba esto y pensaba también que una de las mejores cosas de viajar es que nos facilita flexibilizar nuestra manera de estar en el mundo. Y esto no es cualquier cosa porque ser flexible mejora la calidad de vida considerablemente. De repente estas en un sitio donde casi todo se hace de otra manera y experimentar eso te proporciona más opciones disponibles para luego elegir como quieres vivir tú.

Si somos flexibles podemos elegir. El problema es cuando solo puedes funcionar de una determinada manera porque en un momento de tu vida lo hiciste así y ahora lo sigues repitiendo aunque tú ya no seas la misma persona, aunque el entorno sea otro y aunque estés en otra situación distinta. A lo mejor no te das ni cuenta o a lo mejor te gustaría poder hacerlas de otra forma pero no puedes. Y no puedes porque en realidad no quieres, porque no te atreves, porque te da miedo, porque no lo has hecho nunca, porque no sabes o por la razón que sea, que ahora mismo no importa. El caso es que cuantas más posibilidades cuentes en tu repertorio de hacer, en tu repertorio de percibir y pasar a la acción, más libre te vas a sentir. Porque lo bueno de ser flexible y ampliar es que conduce a una vida más satisfactoria. Y viajar facilita esto. Ir a terapia también.

Vivir allí donde se iba debía ser muy diferente a la ciudad donde ella vivía, y seguramente iba a estar tan impactada que iba a tener todos sus sentidos al 100%, con una excitación casi permanente. No sabía si luego acabaría extenuada o más cargada aún de energía y vitalidad, pero en cualquier caso estaba casi convencida de que le valdría la pena.

Y le iba a valer la pena porque al conectarse con el momento en el que se subiría a ese avión sentía una emoción tan grande que le resultaba difícil describirla con palabras. ¡Qué bueno iba a ser en este momento de su vida hacer ese viaje e irse a ese lugar!

A veces, cuando tenía la sensación de que había sucesos en la vida que llegan justo en el momento perfecto le daba por pensar que pudiera ser que algo o alguien favoreciera que esto ocurriera, o a lo mejor sería la vida simplemente que tiene estos detalles sorprendentes. La vida, que te ofrece estos regalos en forma de oportunidades, así, tan fácil.

11.10.08

"le ha tocado..."




Estaba pasando la tarde con una amiga en la terraza de un bar muy cerca de su casa. Era verano, 8 de la tarde, luz cálida y aire fresco. Era tanto lo que se querían contar que hablaban sin parar. Hablaban, se miraban y se sentían.

De repente sonó ese sonido fácilmente reconocible de cuando alguien te envía un mensaje al móvil. Entonces lo abrió y leyó: “le ha tocado un recorrido biomarino… ”. ¡Qué bueno y que suerte! pensó. Y lo volvió a leer.

Hay mensajes de ese tipo que son de mentira. Ese era de verdad. Y seguro que era de verdad porque quien se lo había enviado sabia que eso era lo que ella necesitaba. Justo eso. En esa persona confiaba. No le había fallado nunca por eso sabía que ese mensaje era un regalo de los de verdad.


9.10.08

amélie nothomb


Amélie Nothomb era una de sus escritoras preferidas. No dejaba de sorprenderle una y otra vez. La leía con ansía y placer, como si sus palabras tuvieran un imán que le atraía con fuerza y entonces no podía parar de leer hasta el final.

Para ella los libros de Amélie Nothomb pertenecían a la categoría de cosas que cuando te encuentras con ellas, te recuerdan que la vida merece la pena. Le parecía un regalo de una inteligencia sublime. Le parecía increíble esa manera tan genial de transmitir la atormentada vida interna de esos personajes que eran seres espectaculares y que podían pertenecer a otro mundo y a la vez podían ser tus amigos, tus vecinos o cualquier otra persona que tuvieras alrededor. Admiraba su forma de escribir y sobre todo, admiraba su capacidad para plasmar algo profundo de manera tan sencilla.

Esa noche se durmió entre esos pensamientos y recordando algunas de sus frases y textos brillantes. ¡Impresionante!.






7.10.08

la película


Cuando entró en su casa sonaba una canción del grupo ELEFANTES. ¡Qué sorpresa! pensó, aunque no le dijo nada. Sonrío internamente porque fue como si hubiera adivinado que esa canción en ese momento significaba algo especial.

- ¿Has visto esta película?
- No
- Pues llévatela porque he pensado que te va a gustar.
- ¡Qué bien! – le contestó sonriendo. Ese tipo de detalles le agradaban.

Anoche se tumbó a ver aquella película. Se llamaba PERSÉPOLIS, y sí, sí le había gustado mucho. Qué bonita manera de contar la historia de un país y de su familia a una niña y que duro debe ser vivir una guerra! Y qué estética más limpia!

La niña era inquieta, despierta y curiosa, aunque con el tiempo se le cayó la mirada. Un día su abuela, que “cada mañana recogía flores de jazmín y se las ponía dentro del sostén para perfumarse, y cuando se lo desabrochaba caían flores de sus senos, y era mágico”, le dijo:

- “Escúchame, no me gusta sermonear pero te daré un consejo que te servirá para siempre: en la vida te encontraras a muchos gilipollas. Si te hacen daño piensa que es su estupidez lo que les impulsa a hacerte daño. Así, no responderás a su maldad porque no hay nada más malo en este mundo que la amargura y la venganza. Se siempre digna e integra contigo misma.”




5.10.08

lo mejor está por llegar




Él era alguien importante para ella. Un día le dijo: “lo mejor está por llegar”. Había pasado mucho tiempo desde entonces y a pesar de que se lo habían recordado mutuamente en bastantes ocasiones, tenía la sensación de que esta frase había dejado de estar presente.

Hoy lo sintió igual que la primera vez que lo escuchó. Le gustó esa sensación. Fue emotivo experimentar aquello de nuevo, y entonces se repitió: “Si, si, lo mejor está por llegar”.

Lo cierto es que nunca había llegado a olvidarlo del todo, aunque hoy ya no hizo falta que nadie se lo recordara. Esas palabras habían vuelto a recuperar su presencia.


2.10.08

el poder de la música


Hoy se había despertado casi a las 10, como el de la canción nº 10 de LOS PLANETAS. No se había quedado más de tres cuartos de hora en la cama porque había preferido dar un salto. A ella le había merecido la pena hacerlo así. Había entrado el sol por la ventana y habían brillado en el aire unas motas de polvo. Había salido a la ventana y hacía una estupenda mañana.

¡Cuantas veces había escuchado esta canción! Cuántas veces seguidas, sobre todo mientras conducía. Aunque la nº 4 la había escuchado muchas más veces. Ella, de vez en cuando hacia eso. Se ponía obsesiva y podía pasar horas escuchando la misma canción. Y mientras, cantaba y elaboraba lo que le hervía por dentro.

Qué buenos eran LOS PLANETAS, y aunque, en algunos momentos podía ser algo tormentoso contactar con sus historias de desencuentros, a ella le transmitían una fuerza brutal. ¡Qué poderosa era la música, y cuanto bien le había hecho escuchar aquellas canciones durante aquel tiempo!

1.10.08

esas horas


Esas horas eran buenas. Eran de las mejores. No había casi nada y estaba todo. Le gustaba sentir esa quietud previa al movimiento. Estaba todo por empezar y esa enorme sensación le ilusionaba en silencio.



21.9.08

princesa


Hoy alguien le había vuelto a llamar princesa. Le encantaba escuchar esto porque le gustaba sentirte princesa por un momento. Para siempre y para todo princesa no. Eso no. En ningún caso. Para un momento si.

Porque las princesas te pueden gustar o no, pero en cualquier caso ser una princesa es ser alguien especial. Y escuchar que alguien le llamara princesa era escuchar que en ese momento era especial para esa persona. Le hacía sentirse así por un instante y eso le hacía sonreír. Por eso le gustaba que, de vez en cuando, alguien le llamara princesa.


18.9.08

barcelona


Barcelona y Ámsterdam pertenecían a la lista de sus ciudades favoritas. Estocolmo también. En Barcelona eran bonitas hasta las baldosas del suelo. En esto andaba pensando mientras paseaba por aquellas calles con una sensación agradable de familiaridad.

Hacía tiempo que no andaba por allí y le gustó experimentar de nuevo esa sensación de reconocer, volver a contemplar lugares tan especiales y volver a encontrarse con esos rincones preciosos y llenos de encanto. Barcelona era así. Bonita, bonita, bonita. En este último viaje se volvió a enamorar de esa ciudad sorprendente y llena de estímulos realmente interesantes.

Por allí había pasado muchas veces y durante muchos años, y todos esos viajes los tenía guardados en su cajita de momentos de vida preferidos. Ese día se encontraba en aquella casa donde nació parte de su familia y se dio cuenta de que allí sonreía su corazón. En aquella casa nació su padre y eso, era una razón más que suficiente para que Barcelona fuera la primera de la lista de sus ciudades favoritas.


7.9.08

la naturaleza


Aquel día la naturaleza les hizo regalos preciosos. La naturaleza tiene esas cosas, te da sin que le pidas y de repente te sorprende con una estrella fugaz, un eclipse de luna o un suave movimiento del mar.

“¿Cómo podía ser?” - pensó en voz alta. ¡Era tan bonito! La belleza de ese momento le dejó alucinada. Estaba impactada de tal forma que solo podía contemplar sin despegar ninguno de sus sentidos de aquella sensación. A veces le ocurría esto, contemplar la belleza le conmovía. Se quedó quieta saboreando aquel momento y pensó que la vida era hermosa.



5.9.08

trapito




- “¿Tu te has sentido alguna vez trapito?”- Decir “trapito” equivalía a decir trapo viejo, sucio y roto. Era lo mismo. – le preguntó con curiosidad. Su amiga le miró sorprendida y se puso a reír. Entonces le contagió su risa, y su rostro serio y apagado pasó a reír sin parar. Eso también formaba parte del estado trapito. Era cansancio y vulnerabilidad, y era risa floja que se desencadena con cualquier estímulo que difícilmente en otro momento parece tan gracioso.

Ella a veces se sentía así. No tenía ni idea que le iría por dentro a un trapito si pudiera estar vivo. Y la verdad es que tampoco le importaba porque tenía la certeza de que si así fuera se sentiría como ella. No se podía explicar muy bien y tampoco hacía falta porque la palabra “trapito” describía a la perfección aquel estado de una sensibilidad extrema.

Lo bueno fue que, después de las risas compartidas, el trapito pasó a estar menos viejo, menos sucio y mucho menos roto.




4.9.08

las orejas

En una ocasión, un sábado de hacía varios años atrás, había tenido la oportunidad de observar detalladamente muchas orejas distintas. Debían ser entre 18 y 22. En aquel momento descubrió lo distintas que podían llegar a ser. Eran lo mismo y no se parecían en casi nada. Aquello le impactó.

Hoy estaba pensando en las mil formas que había de escuchar y se acordó de aquello. De repente pensó que a lo mejor la diferencia en las orejas tenía algo que ver con la diferencia en las maneras de escuchar. Le parecía una relación un tanto absurda, pero como ella se divertía haciendo este tipo de asociaciones desde la ignorancia y sin ningún respaldo científico, decidió crear aquella teoría que para ella a partir de ese momento sería válida.

Con el tiempo había aprendido a discriminar entre los diferentes tipos de escucha y había aprendido a elegir cual necesitaba en cada momento. Aún así algunas veces parecía que ese aprendizaje desaparecía y entonces se equivocaba. Suerte que era solo algunas veces.

Ayer por la mañana le pasó. No fue nada grave, aunque si importante porque después de equivocarse decidió que a partir de ahora se iba a fijar más en las orejas.




3.9.08

tenían rituales


A ellos les gustaba repetir los mismos momentos cada año. Sobre todo, a quienes más les gustaba era a ellas. Eran rituales de esos que se eligen, de esos que no hace falta hacer. Rituales de esos que se hacen a gusto y que dan satisfacción, de esos que no generan inquietud ni desasosiego, de esos que sabes que si no los haces no pasa nada porque seguramente el próximo año volverán a tener su oportunidad.

Era obvio que cada año había matices diferentes o incluso muy diferentes, y al mismo tiempo había muchas cosas iguales en esas situaciones. Se repetían recuerdos y conversaciones, y volver a escuchar aquello les hacía sentir que pertenecían a esas historias, que formaban parte de trocitos de vida compartidos. Eso les alimentaba y reían. Reían mucho por lo pasado y porque en cada uno ocurría algo sorprendente que quedaría registrado para recordar el siguiente año, y el siguiente, y el siguiente. Estaban convencidos de que así sería porque eso les alimentaba y les llenaba de tal forma que ninguno se lo quería perder.

Cada año se añadía algún momento nuevo y otros se quedaban sin repetir. Y lo mejor de todo era que fuera como fuera todo estaba bien.


2.9.08

la playa

Definitivamente estar en la playa le sentaba mejor que bien. No tenía muy claro si era el sol, el sonido del mar, la vista del agua, la brisa salada o el contacto con la arena. Igual era todo a la vez. La verdad es que la razón le daba lo mismo. No necesitaba saberla.

La otra noche le contaron que el mar tiene unos iones que compensan y equilibran los de la tierra y que por eso estar junto al mar sentaba bien. No recordaba exactamente como era esa teoría de los iones pero vaya, era algo así. Seguramente sería cierto porque la playa le conectaba con la sensación de armonía, pero no solo eso. Últimamente estar en la playa le sentaba mejor que bien porque estar una hora allí era como meterse un chute de vitalidad, ilusión y energía brutal.

Hoy lo había vuelto a experimentar. Aunque claro, lo mejor de hoy había sido la compañía que había tenido durante esa hora en la playa.


31.8.08

vaciar



Un día le contaba su amiga que estaba dejando ir aquello que ya no le servía, aquello que durante mucho tiempo le había acompañado y que ahora ya no lo quería. Se acordó entonces de todo lo que guardaba. Y se acordó de que era mejor dejar pasar sin aferrarse, sin querer tenerlo todo.

Deshacerse de cosas, objetos, recuerdos, incluso de sensaciones, siempre le había ido bien. No recordaba haberse arrepentido en ninguna ocasión. Dejar espacio libre siempre resultaba liberador, y sobre todo, aumentaba las posibilidades de que entrara lo nuevo. Sabía que lo importante permanecía y que no necesitaba hacer nada para lograrlo. Simplemente ocurría.

En la conversación de esa tarde con su amiga recordó esto y entonces le devolvió una sonrisa de complicidad sin palabras. Una sonrisa de agradecimiento porque ese momento le impulsó a vaciar, y a deshacerse ella también de cosas que ya no tenían sentido ni importancia.


29.8.08

preocupación


Un día alguien le dijo: “si te duele el dedo gordo del pie significa que tienes alguna preocupación en tu cabeza”. Pues si, hoy le dolía el dedo gordo del pie y estaba preocupada. Tenía motivos para estarlo.

¿Qué pasaba ese verano? A ella le habían ocurrido algunas desgracias pero es que tenía la sensación de que cada vez que hablaba con alguien conocido de su alrededor le contaba alguna mala noticia. Ayer fueron 3 más, y esta mañana, a las 7, otra. Joder! Andaba pensando en eso porque era como si un mal aire hubiera pasado a ensuciar todo. Bueno, todo no. Mejor dicho, casi todo, porque anoche tuvo una conversación sonriente con alguien que le hablaba con alegría y frescura, y eso no tenía nada que ver con el mal aire.

Y volviendo a pensar en las desgracias se conectó con el apoyo porque siempre era algo para agradecer. El apoyo era importante siempre y en los momentos difíciles más todavía, así que siguió caminando mientras pensaba en esto y en todas las personas de su alrededor. Preocupada y ocupándose al mismo tiempo.




28.8.08

olía a canela



Olía a canela y lo llevaba en el bolso. Se lo había regalado una amiga a la que le gustaba jugar con esencias, licores, texturas, aromas, colores y fluidos.

En muchas ocasiones lo encontraba sin buscarlo. Se lo encontraba en esos momentos en los que una remueve todo lo que lleva en el bolso en busca de algo que una sabe que está pero parece que no quiere aparecer, parece que ha querido esconderse.

Entonces lo cogía con cuidado, lo acercaba suavemente a su nariz, el mundo se paraba, y se sumergía en 6 segundos de placer intenso. ¡Qué eternos podían llegar a ser! Luego, todo continuaba igual, y parecía que ese momento no había existido. Pero ella sabía que si, que luego todo era diferente.






27.8.08

estar y confiar



Durante un tiempo soñaba que el agua se desbordaba. Salía de tal forma que era difícil contenerla. Era tanta y brotaba con tanta fuerza que los intentos por controlarla eran inútiles. Solía inundarlo todo y a veces pedía ayuda tratando de evitar un desastre todavía más grande.

En el sueño de esa noche ocurrió algo distinto que le impactó y le hizo reflexionar al despertarse. El agua se salía sin control y ella, después de un mínimo intento para frenarla, decidió quedarse quieta. Decidió no hacer nada, o mejor dicho, decidió estar, que era mucho. Y entonces el agua dejó de salir. Se paró sola y el desastre que ella imaginó en otros momentos parecidos no llego a suceder. Se cansó de brotar y se agotó porque, como ocurría con casi todo, también ella tenía un final. Y entonces el suelo absorbió el agua derramada de manera natural. Había sido mucho más fácil así.

Al despertarse se dio cuenta de que la clave estaba en estar y confiar.



26.8.08

su talento



Aquel personaje estaba sobreactuando. Y era personaje porque en realidad no tenían ni idea de quien era esa persona. Lo conocieron una noche en la que todos se habían reunido para contemplar las obras de uno de sus amigos. Ese año su amigo había decidido compartir su talento. Fue un riesgo grande y todos se habían alegrado tanto al conocer la noticia, que se sentían impacientes por conocer todo aquello que estaban a punto de descubrir.

En ese instante apareció el personaje. Hizo entonces un despliegue de seducción, invasión y de histrionismo tan impresionante que todos se quedaron casi bloqueados. Estaba pasadísimo de vueltas y fue tal el impacto que les resultó difícil reaccionar a tiempo. Nadie llegó a frenarle. Por un momento no sabían si aquello estaba ocurriendo de verdad o si era una broma. Le habían despedido aquella noche y pensaron que seguramente aquello sería su venganza.

Dejando ese momento desconcertante a un lado, pasaron a disfrutar aquella maravilla que su amigo había decidido compartir. Se quedaron tan impresionados, que todos querían tener a partir de ese momento un trocito de su arte en sus casas.

¡Cuánto había depositado en cada una de sus obras! ¡Cuánta dedicación, mimo, cuidado, fuerza y talento había allí! Y es que él era así, como su arte, cuidadoso, sutil, atento, detallista, respetuoso, observador, prudente, fuerte, inquieto y con agua, aire, tierra y fuego.

Él era siempre así y ese verano lo fue más todavía porque ese verano estaba contento. Ella se quedó durante un largo rato pensando en esto y decidió que en cuanto lo volviera a ver se lo iba a agradecer, porque todos sus detalles habían sido importantes y quería hacérselo saber.



25.8.08

le gustaba fantasear

Le gustaba fantasear. De hecho, lo hacía desde que era bien pequeñita. Y mientras fantaseaba y soñaba despierta se iba muy lejos. Visualizaba los días posteriores, los meses, los años. Lo veía todo. Lo construía todo según deseaba que fuera y se moría de impaciencia de que todo eso llegara ya.

Durante mucho tiempo pensó que hacer aquello era estar soñando con una existencia mejor y que eso no era bueno porque no le permitía sentir todo lo que tenía en su vida del ahora. Pero un día empezó a ver esto de manera muy diferente. Hoy se sentía contenta de haber desarrollado esta capacidad fantástica porque le llenaba de ilusión y alegría. Eso era bonito y no tenía nada que ver con construir realidades inventadas para no ver las de verdad. Veía una y la otra, y se quedaba con las dos.

Un día en la playa una amiga le contó una historia preciosa de amor, y también le contó, casi sin atreverse, lo lejos que se había ido fantaseando con todos los detalles de los acontecimientos deseados. Lo veía todo. Entonces ella le confesó que solía hacer lo mismo y a partir de ese instante de cercanía, las dos supieron que podían confiar, compartieron ilusiones y perdieron la noción del tiempo.

Era una playa llena de gente y ellas tenían la sensación de que no había nadie más alrededor. Luego se trasladaron de lugar y siguió sin existir nadie más en el mundo. Fueron unas horas intensas cargadas de confianza e intimidad, y así, aquel día dejó de ser un día cualquiera y pasó a ser un día muy especial. Fue un día lleno de cuidado, calidez, alegría, complicidades, risas, gozo y luz. Mucha luz.




24.8.08

la pulsera


Desconectarse le resultaba fácil. Era fácil sólo cuando el impacto era demasiado doloroso y profundo. Lo de que era fácil era algo que suponía porque lo cierto era que en el momento que ocurría no notaba nada. No tenía muy claro si era fácil por lo habituada que estaba a hacerlo o simplemente porque era fácil sin más.

Claro que desconectarse no equivalía a que el hecho no ocurriera. Claro que ocurría y además con vía libre para llegar hasta donde le hiciera falta. Y claro que el dolor profundo se quedaba registrado. Lo que sucedía es que eso llegaba más tarde.

Hubo un día en el que le salió el dolor repartido por cada parte de su cuerpo. Fue casi de golpe y durante horas estuvo impresionada y asustada. Durante horas y durante días que se prolongaron hasta que pudo colocar la experiencia en su sitio.

Se le fue entonces el miedo que sentía y experimentó un sentimiento de ternura enorme hacía ella. Una ternura dulce y cálida. Y con esta sensación, además de acariciarse una y otra vez, decidió hacer algo que aprendió no sabía muy bien ni de quien, ni cuando, ni donde, pero que ella misma sugería a los demás hacerlo. Se puso algo en la muñeca para recordar lo que le había pasado. Y desde entonces, cuando percibía alguna señal que tenía que ver con el dolor, de ese que no es necesario experimentar, con una simple mirada a su muñeca, porque ya no le hizo falta ni siquiera aquella pulsera que se puso aquel día, era suficiente para irse en lugar de permanecer.


22.8.08

hasta que fueran viejunas

Una noche se dijeron que hasta que fueran viejunas seguirían reencontrándose. Y sabían que así sería. Fue una noche tomando una cerveza en la terraza de aquel bar donde años atrás habían bailado hasta el amanecer. Llevaban más de 15 años haciéndolo desde el deseo y era mucho lo compartido y lo que habían vivido juntas. Esa sensación era grande. Era algo muy grande.

Sabían que lo que se hace desde el corazón es valioso y permanece, y ellas tenían corazón. Había deseo e ilusión, y podían pasar meses y no importaba porque todas sabían que seguían juntas allá donde estuvieran.

No les hacía falta nada especial. Solo sentir la presencia, aunque fueran solo unos días al año, y el calorcito de tenerse cerca.

Les encantaba hacer sus rituales de verano. Era curioso porque no les hacía falta nada y les pasaban tantas cosas con las que reían una y otra vez, que a veces les parecía increíble. Siempre pasaba algo nuevo y divertido. Y ese algo surgía solo. Así, de repente. Les ocurrían miles de cosas sorprendentes, surgidas en un segundo de la nada. Y seguramente surgían porque realmente no esperaban que ocurriera nada.



21.8.08

se pasó




Una sabia compañera de viaje le dijo en una ocasión: “las personas controladoras necesitan tiempo para confiar”. Así de sencillo y profundo. Aquello era verdad. Era tan cierto que cada vez que se encontraba con alguien de estas características se acordaba de esa frase y la confirmaba una y otra vez.

Hoy se estaba acordando de alguien con quien también había confirmado esta frase. Esta persona necesitaba un tiempo extra. Era rígida, pero que muy rígida. Incluso, en algunas ocasiones, rozaba los extremos de la rigidez. Estaba claro que quien más se resentía de esta falta de flexibilidad era ella, pero no solo ella porque su necesidad de control unida a su rigidez le impulsaban a hacer ciertos actos que repercutían a los de su alrededor. A veces, las consecuencias se le escapaban y así, parecía que sin querer, andaba jodiendo al mundo con la intención de mantener su interior sin alterar. Claro que esto le solía salir fatal, porque luego, cuando las consecuencias se volvían en su contra entonces si que se alteraba. Se inquietaba de tal forma que no sabía ni que hacer con eso porque no estaba acostumbrada a manejar el descontrol.

A ella, en uno de esos actos, le había jodido. Y no sólo a ella. En ese momento se quedó pensando que ésta, además de tiempo, seguramente necesitaría otras cosas para poder estar al lado de los demás.

20.8.08

suficiente


Aquel día fue importante. No recordaba haberse parado antes a prestarle atención al concepto de suficiente. Desde ese momento, su voracidad, su ambición, y sobre todo, su tenacidad y su persistencia agradecieron su presencia.

19.8.08

un gesto


Les prometió que ese día les haría un gesto y entonces dijo: “todavía puedo hacer taichi con mis amiguitas en la playa”. Y en realidad fueron dos gestos a la vez. Luego hubo más. Y nadie lo sabía. Solo ellas, que sentían la complicidad en la distancia.


Fue un gesto bonito y espontáneo. En ese momento ella sabía que sus amigas tenían puestos todos sus sentidos en aquel instante y que le sonreían. Lo sabía porque esas cosas se saben. Igual que ellas sabían que aquella tarde y a esa hora ella les haría el gesto delante de miles de personas. Miles o millones de personas, y solo ellas sabían de lo que hablaban.